La N-240 del embalse de Yesa

Aprovechando las buenas condiciones climáticas de este mes de noviembre, traducidas en una sequía que está dejando los embalses bajo mínimos, me acerqué a ver los restos del tramo sumergido entre el pueblo abandonado de Escó y el de Yesa, sumergidos con la construcción del embalse y de la cual buena parte ha salido a la luz en estas fechas. El punto de partida de la visita es el aparcamiento improvisado junto a las ruinas del antiguo balneario de Tiermas, junto a la localidad del mismo nombre y también abandonado. Se trata de un balneario construído aprovechando las fuentes de agua caliente que brotan en la zona, y las cuales siguen siendo utilizadas hoy en día, cuando el final de verano permite que emerjan las ruinas.

En una visita anterior a esta zona, por cierto, muy recomendable en una tarde-noche de otoño para disfrutar de sus cálidas aguas, me llamó la atención que la pared de una de las pozas tenía una curiosa similitud al corte transversal del firme de un camino o carretera. Consultando en la fototeca digital del Instituto Geográfico Nacional, las imágenes del vuelo aéreo 1956-1957 confirman mis sospechas, por ahí pasó la carretera, como se puede ver en la siguiente fotografía. La calidad no es muy buena, pero hay que entender que para tener 60 años bastante nitidez ofrecen.

La carretera traza una pequeña curva a izquierdas en sentido este-oeste, justo tras la curva se halla el edificio que aún se alza más o menos entero tantos años después. Que no nos confunda el puente sobre el río Aragón, eso no es la carretera de la cual hablamos, si no la que viene desde la esquina inferior derecha de la captura de pantalla.

Una vez abajo, confirmo en el lugar y a la luz del día que efectivamente por ahí discurrió su trazado, con puente y guardarruedas incluído.

Hago varias fotografías al balneario y me dispongo a continuar la carretera en dirección este. Afortunadamente el asfalto ha soportado más o menos bien el efecto de las aguas y permite seguir su camino, además de permitir pisar con seguridad sobre suelo firme. Recordemos que esto es terreno pantanoso, con los riesgos que supone.

El pueblo fue prácticamente arrasado, dejando únicamente montones de piedra y tocones de madera tras derruir las viviendas y talar los árboles que antiguamente acompañaban al trazado de la carretera. Aún así, algún resto sobrevivió a la destrucción.

Continúo y empiezan a aparecer varios vestigios del paso de la carretera por este lugar. Prácticamente todo se ha ido cubriendo de sedimentos arrastrados por las aguas al embalsarse aquí, aún así se puede seguir con facilidad el camino. Puentes, muretes de contención, más asfalto...

Gracias a la erosión del poco agua que ha ido bajando hasta acumularse en el embalse se puede seguir por la antigua N-240. En este momento estoy a varios centenares de metros del punto de partida. A partir de aquí el terreno es algo más llano y aparentemente no se observan más elementos de interés. Aun así, decido seguir, ya que algo me dice que aún no he visto todo lo que tenía que ver... son años de "rastreo" en carretera, por lo que esa simple piedra que se ve a lo lejos hace saltar la alarma.

La sospecha se confirma, un hito kilométrico tirado en medio de la nada! 

Soprendentemente, aún conserva algún pequeño rastro de pintura.

Aquí yace, y así seguirá, a menos que alguien decida bajar con medios, brazos, o ámbas cosas, a rescatarlo de ahí. Toca volver a la carretera actual, que también tiene sorpresas pendientes, como la siguiente valla de protección de la Instrucción de Carreteras de 1939.

Esta carretera se volverá a ver de nuevo afectada por las aguas, ya que se está ejecutando la polémica obra de recrecimiento del embalse, que conllevará la inundación de los tramos más cercanos a la presa. Ese recrecimiento, puesto en duda por la inestabilidad de la ladera izquierda del embalse y que ha provocado el desalojo de dos urbanizaciones en la localidad de Yesa, ha llevado también al abandono forzoso del camping Mar del Pirineo y a la urbanización náutica de Leyre, debido a que quedarán por debajo del nuevo nivel que alcanzarán las aguas. Nosotros por ahora volvemos a la parte de carretera, que es la que nos ocupa, y que tiene además de lo "asfáltico", otra serie de atractivos a nivel paisajístico.

Desde la carretera seguimos viendo el lecho del embalse, y en él, una difusa línea que nos permite seguir el viejo trazado. Lo único bueno de que a fecha de hoy los embalses estén así es el hecho de poder tomar estas fotografías y descubrir lo que habitualmente queda bajo el agua. Por lo demás, nada hay de positivo en ello.

Otra vez en ruta, el "sentido carretero" se pone en funcionamiento de nuevo... Algo hay entre esos árboles...

Una casilla de Peones Camineros, como me confirma rápidamente un amigo y gran conocedor de estas viejas construcciones, tan vitales hace años para el correcto estado de las vías, y tan olvidadas y desaparecidas hoy... Desgraciadamente, el caso de la que nos ocupa no es una excepción, y como podemos ver su estado es lamentable. Está ubicada en la cola del embalse y aparentemente no la tocan las aguas, pero eso no es problema para que el tiempo haya colaborado con su ruina. Junto a ella se pueden ver otro par de puentes o alcantarillas de pequeño tamaño.

En el recuadro donde se deberían leer las distancias a las poblaciones más cercanas, alguien ha escrito la frase "Agua del llano, sangre del Pirineo", en referencia a la polémica que siempre ha rodeado a este embalse. Continuamos por la carretera hasta el punto en el que termina la variante construída en los 50, a la izquierda el trazado antiguo y que se hunde en el pantano, a la derecha el trazado actual.

A la derecha de la fotografía y sobre un pequeño cerro, podemos ver el pueblo abandonado de Escó. La construcción del embalse trajo agua y beneficio... aguas abajo. Para los vecinos del valle supuso que se anegasen las tierras llanas de cultivo, y con ellas la forma de ganarse la vida de buena parte de los habitantes, que tuvieron que buscarse el pan en otro lugar. 

Emprendemos viaje de vuelta hacia Yesa, reparando ahora en algún detalle interesante de la carretera moderna.

Paneles direccionales de 1982...

Merenderos en los que ya no descansa nadie...

Campings cerrados, para siempre...

Es el precio del progreso. La autovía A-21 acercará distancias entre el Cantábrico y los Pirineos, pero en absoluto tendrá el encanto de la vieja carretera nacional. Lamentablemente, no se contempla trazado alternativo al de la autovía una vez que las aguas aneguen la vía actual.

Entramos de nuevo en tierras navarras...

Nos damos de bruces con otro de los "destrozos" pre-recrecimiento. Reconozco que paré porque desde la carretera se veía que ahí había existido algún tipo de construcción, pero tuve que recurrir a Street View de Google para ver que ese pavimento (no queda más que eso, pavimento...) era el acceso a la urbanización náutica de Leyre, cuyos propietarios fueron obligados a entregar las llaves de sus viviendas hace ahora dos años escasos.

Siento cierta desazón en este lugar. Los recuerdos de veranos y vacaciones de los habitantes de estas viviendas totalmente arrasados y en un futuro sumergidos...

Esperemos que al menos ese aumento de capacidad sea para bien, aunque a la vista del vacío actual del embalse, surgen dudas respecto a si se verá alcanzar la nueva cota máxima de llenado del mismo. 

Última parada de la ruta, estamos a un kilómetro de la presa. En una de las últimas rectas puedo tomar una fotografía bastante esclarecedora de lo que espera a la carretera del pantano. Al fondo, y con la seguridad de quedar a muchos metros por encima del agua, la autovía A-21 se alza triunfante y segura de su futuro frente a la N-240 actual, tan vacía que uno puede detenerse durante minutos en completa soledad, y condenada al olvido una vez que las aguas se traguen su asfalto. Me quedo con el hecho de haber podido documentarla antes de que sea demasiado tarde.


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