N-260, un paseo por los Pirineos

La revista Tráfico, editada por la DGT allá por los años 80 y 90, hablaba de la recién creada Carretera Nacional N-260 de Portbou a Sabiñánigo en los siguientes términos: "a pesar de su denominación como carretera nacional, su aspecto real es de comarcal, con el añadido de la montaña, donde la velocidad media difícilmente supera los 50 km/h." Era noviembre de 1991 y el aspecto por entonces nada tenía que ver con el actual, que si bien mantiene zonas tortuosas, algo lógico debido al terreno por el cual discurre, dispone hoy de un asfalto impecable y numerosos túneles, variantes y tramos rectificados que hacen de esta carretera un paseo por los Pirineos y aseguran un disfrute absoluto. Constituida por la unión de varias carreteras comarcales, las C-136 (Huesca a Francia por Sallent), C-138 (Barbastro a Francia por Broto), C-139 (Barbastro a Francia por Benasque) y C-140 (Campo a Biescas por Broto), se le denomina también Eje Transpirenaico ya que une el Mediterráneo en Portbou con la localidad oscense de Sabiñánigo, donde pasa el testigo a la carretera N-240 (Tarragona a Bilbao), encargada de seguir el itinerario hasta el Cantábrico.

Se trata de una carretera digna de recorrer con calma y los ojos bien abiertos, ya que son tantos los estímulos para la vista por estos parajes (como el entorno del embalse de Lanuza, que antecede a estas líneas), que difícilmente podremos recorrer esta carretera con la simple premisa de transportarnos de un lugar a otro en el menor tiempo posible. Personalmente, pese a haberla recorrido hace ya casi dos años, con otro buen numero de kilómetros y carreteras por medio, se mantiene en el primer puesto de mi ranking de carreteras en España. Hay carreteras en uso o históricas de gran belleza, como el viejo puerto de Contreras, pero sin menospreciar a ninguna otra, para mí esta supuso una auténtica gozada, algo que rememoro ahora gratamente al escribir estas líneas.

En este caso la idea de recorrer la carretera de los Pirineos surge por la cita anual con la concentración del club de vehículos clásicos al que pertenezco, organizada en el Delta del Ebro. Como ya comenté en el post sobre los hitos de Belalcázar, hace tiempo que no me planteo los viajes como el mero desplazamiento, lo que unido a la publicación en la pagina de Facebook de "En la carretera" del reportaje de la revista Tráfico sobre la N-260, me hizo hilvanar esta ruta desde el norte hasta tierras tarraconenses. La N-260 me llevó desde su final en Sabiñánigo hasta Adrall, con una incursión en la N-230, el túnel de Vielha y el puerto de la Bonaigua, todo a bordo de un viejo Renault 12 de 1974 que se portó sin tacha alguna y que hizo aún más especial la ruta.

Comenzamos ruta en Sabiñánigo, en el kilómetro 517, con la vista puesta en la localidad de Sort, donde terminará la jornada. Hasta Biescas la carretera es rápida y amplia, perfectamente acondicionada para asumir el volumen de tráfico que se dirige a las estaciones de esquí en invierno. A partir de aquí cambia el panorama y se percibe lo que comentaba la revista Tráfico, la carretera pasa a ser estrecha y con multitud de curvas, pero el asfalto es bueno y si bien el trazado nos recuerda a la comarcal de origen, no podemos pretender carreteras rectilíneas una vez que estamos metidos en pleno Pirineo. Llegamos al primero de varios puertos que coronaremos en la N-260, el de Cotefablo, de 1423 metros de altitud y que se supera mediante un túnel que muestra en ambas bocas el escudo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, además de otro blasón que supongo que será el de la comarca o región en la que se ubica, tal y como ocurre en otros túneles de la misma época.

A lo largo de la carretera se van sucediendo paisajes de alta montaña, bosques, barrancos y pequeñas poblaciones con la arquitectura típica de la zona, como esta iglesia de San Miguel en Linas de Broto. Poco antes de esta localidad tenemos la puerta de entrada al Parque Natural de Ordesa y Monte Perdido, una de las joyas del Pirineo y protegido desde ni más ni menos que agosto de 1918, considerado también Patrimonio de la Humanidad desde fechas más recientes.

Una vez que descendemos a Broto la carretera se torna algo más recta, que no más ancha, y el paisaje se suaviza levemente. Broto es un pueblo muy turístico, dada su cercanía a Ordesa, y en época veraniega puede ser complicado encontrar alojamientos u otros servicios. Más adelante llegamos a Fiscal, localidad a la que se puede acceder de forma más directa por la variante de nueva construcción que viene desde Sabiñánigo y que por terreno más llano evita las alturas de Cotefablo y Broto. Sobra decir que es de menor interés paisajístico que la carretera original. En la siguiente fotografía podemos ver como dicha variante aún no existía en el año 2001, tal y como nos muestra la Guía Campsa de la época, ya que fue construida años más tarde e inaugurada en julio de 2012, reduciendo notablemente el tiempo necesario para conectar las localidades de Sabiñanigo y Fiscal.

Circulamos junto a la vega del río Ara, y al cabo de pocos kilómetros llegamos al entorno de Jánovas, pueblo hoy abandonado y que fue conocido por la lucha de los vecinos en contra del embalse proyectado en torno a 1951 y que pese a las acciones de la empresa constructora y la expulsión forzosa de los vecinos no se llegó a levantar. Desde entonces hasta que se desestimó totalmente su ejecución en 2005 ha sido un rosario de conflictos entre la empresa hidroeléctrica, el gobierno y los vecinos. Hoy en día Jánovas está prácticamente abandonado, aunque hay herederos de los antiguos moradores que han ido reparando y restaurando alguna vivienda, una vez que se les ha devuelto la propiedad. Desde la carretera N-260 existe en la actualidad un mirador que permite ver el pueblo y el entorno en el que se proyectó el embalse.

El siguiente punto de paso y parada obligatoria es la turística y medieval villa de Aínsa, enclavada en la comarca del Sobrarbe, declarada conjunto histórico-artístico en 1965 y candidata por méritos propios al concurso de "Pueblo bonito de España". A destacar su castillo y murallas del XI y la Plaza Mayor, centro neurálgico de la localidad.

Tras dar un descanso a coche y conductor, y el obligado paseo por el casco antiguo, abandonamos Aínsa para continuar por la N-260 y adentrarnos por el Pirineo. La carretera vuelve a tomar altura pero está fuertemente modificada desde aquí hasta la entrada al cañón del río Ésera, incluído el puerto o Collado de Foradada. A ámbos lados se suceden curvas rectificadas, túneles para salvar trazados retorcidos, etc. Me quedó pendiente un pequeño tramo abandonado en Samper, que además tenía algún que otro elemento de interés, pero hay veces que se debe continuar viaje porque parar a documentar absolutamente todo puede llegar a ser excesivo. El descenso en sentido Portbou es muy rápido, y tras describir una larga curva a izquierdas nos metemos de lleno en el túnel de Campo, que dará paso a otro de los platos fuertes de este viaje.

En cuestión de dos minutos pasamos de estar por las alturas a internarnos en el Congosto del Ventamillo, auténtica joya de la naturaleza labrada por el río Ésera y los glaciares que sepultaron esta zona hace 40.000 años.

 

La cambiante climatología pirenaica hace que pasemos del sol y calor de Aínsa a la lluvia y tormenta durante unos minutos, lo que no evitará parar a dedicar tiempo a este impresionante cañón.

Hago varias paradas para fotografiar tanto los atractivos geológicos como los viales, como este túnel excavado en roca y que costaría lo suyo horadarlo.

Con el buen sabor de boca dejado por esta zona, seguramente la que más me impresionó de todo el viaje, llegamos a Castejón de Sos. Aquí la carretera vuelve a ser algo más recta, aunque seguimos coronando puertos de notable altitud, como el Coll de L'Espina, de 1407 metros.

Es momento ahora de abandonar temporalmente la N-260 para internarse algo más en los Pirineos. Nuestra nueva protagonista será la carretera N-230, de Lleida a la frontera francesa, atravesando el túnel de Vielha y tomando allí la C-28 catalana en dirección a Baqueira y el port de la Bonaigua. El final de la jornada terminará bajando por la C-13 hasta Sort, desde donde al día siguiente retomaremos nuevamente la N-260. Afortunadamente, el tiempo vuelve a aclarar y permite seguir disfrutando de los paisajes pirenaicos.

Entramos en tierras catalanas y casi de inmediato tomamos el túnel más largo de los que hemos atravesado en este día. Se trata del túnel de Vielha, abierto en 2007 en sustitución del primitivo, que data de 1948 y que se reserva hoy para mercancías peligrosas o como vía de evacuación. Sus más de 5 kilómetros imponen, pero es cierto que se trata de un túnel ancho, bien iluminado y con múltiples salidas de emergencia. Una vez fuera, la carretera pierde altura hasta llegar a Vielha. Tras una parada breve, me desvío hacia la carretera autonómica C-28, que recorreremos íntegramente hasta su final, en el enlace con la C-13 en Esterri de Aneu. Es esta una carretera de gran altitud, muy frecuentada en invierno para acceder a las pistas de esquí de Baqueira-Beret.

Atención a la inclinación de los tejados en Baqueira, necesaria para evacuar las cantidades de nieve que se suelen acumular por aquí. Prosigue otra de las grandes "ascensiones", la mayor de todo el viaje...

El Port de la Bonaigua, 2072 metros de altitud en pleno Pirineo y personalmente, la mayor altitud por carretera que he ascendido jamás...

Infraestructuras de la estación de esquí de Baqueira-Beret, la mayor y quizá más afamada del país, en ocasiones por asuntos ajenos a la actividad deportiva...

Encontramos arriba una máquina quitanieves, datada en 1945 y que hoy luce restaurada y retirada de las duras tareas que le tocaron acometer en su momento.

El paisaje arriba es espectacular, al igual que el descenso, en el que la ausencia de la niebla que nos acompañó desde Vielha colaboró con las fotografías.

Llegamos ya a Sort, donde es momento de hacer parada y fonda. Ha sido un día intenso, muchos kilómetros y algo de cansancio, pero disfrutado como nunca. Desde aquí continuará el viaje mañana, de nuevo por la N-260.


Con el nuevo día arrancamos motores y nada más salir de Sort comenzamos a tomar altura.

Hoy el día está algo más claro, y la N-260 mantiene su entretenida tónica habitual de curva tras curva.

Pequeña parada en Rubió y su mirador, mientras seguimos coronando puertos, como este de El Cantó, con sus más de 1700 metros.

Una prueba gráfica de la altura es que estamos por encima del mar de nubes, aunque poco a poco empezamos a bajar, la ruta pirenaica va tocando a su fín.

Llegamos al km. 234 en Adrall, desde aquí la N-260 sigue en dirección nordeste, sentido Portbou, donde se halla el km. 0 de esta vía. Es momento de tomar ahora la C-14 en dirección sur, nos espera el Mediterráneo y el Delta del Ebro, pero eso ya son otras historias...