Una comarcal entre ruinas y viñedos

Si bien el título de esta web hace referencia a las carreteras nacionales, esto es así por la idea de aglutinar bajo un único nombre todo lo relacionado con las carreteras de este país, bien sea nacionales, comarcales o locales. Hasta ahora hemos hablado en este blog de las primeras, pero hay un buen número de comarcales que bien merecen un estudio pormenorizado. La que viene hoy a esta página se trata de una pequeña comarcal, la C-122 de apenas 64 kilómetros de longitud y cuyo recorrido es de Logroño a Miranda de Ebro por Haro. Hoy en día se encuentra, como tantas otras, dividida en diferentes denominaciones, N-232, N-124, LR-306 y BU-735. El tramo más característico es el que lleva desde Haro a Miranda de Ebro, ya que de Logroño a Haro se encuentra solapado con las nacionales N-232 y N-124, notablemente modernizadas y mucho más transitadas.

En este caso vamos a recorrer el tramo antiguo en sentido inverso, desde Ircio, en plenas afueras de Miranda, hasta Haro. Respecto al punto de partida debo hacer una necesaria crítica. Hace pocos años se ha construído un polígono industrial de notable entidad entre el pueblecito de Ircio y el límite municipal de Miranda de Ebro. Obviaremos en este caso la monstruosidad del área afectada, a todas luces exagerada, ya que son numerosos los polígonos construídos en las últimas décadas en esta zona que aún no se han completado, y para muestra el cercano Arasur, que ha visto anunciadas inversiones y llegada de empresas tantas veces como estas mismas promesas se han esfumado. Lo sangrante en este caso no es eso, sino el escaso interés por el patrimonio que tantas veces hemos sufrido en este país, y que una vez más se ha puesto de manifiesto. Gracias a esta foto aérea de www.mbgingenieria.com, podemos ver la magnitud del polígono. En primer plano, la localidad de Ircio, al fondo Miranda de Ebro.

La entrada al polígono se hace desde el barrio mirandés de Arce, barrio sencillo de casas bajas que atesora a escasos centimetros de profundidad la ciudad romana de Deobriga. Dicho emplazamiento, largamente discutido durante años, pudo ser finalmente localizado de manera fehaciente en ese lugar, e incluso se puede adivinar su trama urbana gracias a las fotografías por satélite de Google. Algo ya debían de intuir los lugareños cuando se quejaban de que había zonas en las que no podían arar la tierra sin toparse con toda clase de piedras, restos de cerámica e incluso piezas de uso cotidiano de evidente antigüedad. La siguiente fotografía, extraída de www.argi.es, muestra a la perfección las ruinas amenazadas por la construcción del vial de acceso.

Pues bien, el acceso al monstruo urbanístico del polígono industrial se ha construído sobre los restos de parte de dicha ciudad romana, incluso se tuvo que paralizar temporalmente su construcción al encontrarse restos humanos durante la obra. Hoy en día se conserva de forma discutible algún murete, accesible desde la rotonda de entrada al polígono, bajo el nuevo vial y un viaducto construído para salvar los pocos restos que se han dejado a la vista. Afortunadamente, algunas construcciones actuales distan mucho del nivel de calidad de las de época romana, por lo que quizá ese vial sea algo anecdótico y temporal en la historia de Deobriga y futuras generaciones puedan valorar lo que las actuales no han hecho. Huelga decir que esto es así gracias a la dejadez de la Junta de Castilla y León y ayuntamiento de Miranda de Ebro, quienes declinaron hacerse cargo del yacimiento. En la siguiente fotografía, cuyo origen se menciona a continuación, podemos ver como se encuentra actualmente el yacimiento.

De BernardaAlba - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=37530876

Dicho esto, comenzamos la ruta tras atravesar el polígono y llegamos al pueblo de Ircio, donde la carretera ve como se estrecha notablemente su plataforma y empiezan las curvas y un paisaje mucho más agradable. Se trata de una carretera estrecha, con gran cantidad de curvas y con algun murete de protección de fábrica. El paisaje se rodea aquí de arbolado, y al ir entallada en la ladera de la montaña obliga a tener especial precaución en las curvas ciegas dada su poca visibilidad. No obstante, en este primer tramo nadie más pasó por aquí. Veremos como aparte del trazado subsiste también señalización descatalogada. Comentar que en sentido inverso, de Ircio a Miranda de Ebro, la carretera no reviste especial interés y por ese motivo no la vamos a analizar.

Los viejos muretes de contención delatan la antigüedad de este trazado. Llegamos a la confluencia con la AP-68, que cómo es lógico, se hace a diferente nivel. Bajo la plataforma de la autopista aparece un hito tipo Peña, sin grabado, borrado con pintura gris y que ofrece ciertas dudas. Por su ubicación podría ser de límite provincial entre la antigua provincia de Logroño y Burgos. Por tamaño, algo más pequeño que los provinciales, podría ser kilométrico. No encontré ningún otro de este tipo para contrastar, así que ahí queda la duda. 

Lo que no esperaba encontrar en esta carretera era un hito tipo Manuel Pardo como el que apareció a unos metros del anterior. Lo más sorprendente no es que aparezca uno de estos, que si bien escasean dada su antigüedad, aún se pueden ver con relativa frecuencia. Lo que me llamó la atención fue la numeración grabada. Apenas se aprecia ya por culpa de la edad y la pintura de la nueva nomenclatura de 1940, pero se ven tres cifras, la primera de ellas un 2 o un 3, lo que hace indicar que esta comarcal pudo formar parte de un itinerario más grande. He consultado en varios mapas pero no encuentro indicación alguna. Con el plan Peña fue renombrada como C-122, pero parece que hasta ese momento pudo tener otra función. Más adelante veremos más ejemplos de esto.

Junto al hito, una especie de "lápida" recuerda con cierta sorna que "Aquí falleció el malogrado de Francisco Zuluaga Aispurua a 10 de mayo de 1806"...

Continúa la ruta y entramos en el municipio riojano de San Felices, cuyos puntos más representativos son la hermosa ermita que veremos más adelante y la imponente cantera que queda a pie de carretera. El suelo está sumamente bacheado, tras torturar un poco la suspensión del coche y dejar a lado izquierdo la población, el paisaje vuelve a cambiar y aparecen los viñedos más típicos de la zona, pero antes...

Túnel doble, carretera y ferrocarril a diferente altura, notablemente más elaborado el ferroviario. Aquí tocó trabajar bastante la piedra, bien perforando túneles o desmontando roca para permitir el paso de la carretera. A nuestra izquierda el río Ebro, y en la otra orilla una curva rectificada de la N-124, hoy cerrada y sustituida también por un túnel.

Continuamos y dejamos aparcada la C-122 durante un rato para desviarnos a visitar la ermita de San Felices. Situada en lo alto de un peñasco, merece la pena ascender hasta lo alto y observar las vistas desde allí. Un poco antes de comenzar la ascensión tenemos la oportunidad de cruzar sobre la AP-68, autopista vasco-aragonesa.

La subida hasta aquí ofrece cierta dureza y no se puede hacer más que andando, pero al menos deja a nuestra elección subir por unas escaleras o por una rampa. Desde arriba contemplaremos la carretera C-122 por la que hemos venido, la N-124 al otro lado del Ebro, la autopista AP-68 y el comienzo de los viñedos, por donde prosigue nuestra ruta. Que pequeñitos se ven los coches abajo y qué frío hacía arriba en pleno febrero...

En adelante circularemos por zonas más llanas y eso se traduce en una mayor anchura de la calzada y en un menor atractivo de la misma. Para mi sorpresa, siguen apareciendo hitos tipo Pardo, algunos con pintura y grabado en mejor estado.

Nos acercamos ya a Haro, localidad donde esta antigua comarcal se fusiona con la N-232, o más bien donde se bifurcaría, ya que vamos en sentido contrario, desde el punto final hacia su inicio. La proximidad al casco urbano queda acreditada por esta vieja señal de cruce peligroso. No aparece fecha pero por su tipografía no tendrá menos de un par de décadas. Tomamos ahora ya la carretera principal, con el buen sabor de boca dejado por esta comarcal, pequeña pero con cosas interesantes.

Hace tiempo localicé en Haro un viejo taller con publicidad de la mítica Pegaso, no pude parar en su momento y a día de hoy ya no he podido dar con él. Algo que no hace más que reforzar la idea de que siempre que sea posible hay que fotografiar o documentar estos vestigios de carretera de épocas pasadas, la siguiente vez puede que ya sea demasiado tarde...

 

Debo dedicar un agradecimiento a mi amigo Jose Luis (Marqués de Leguineche), por ponerme sobre la pista de esta carretera, tan cercana a mi lugar de residencia pero tan desconocida.

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