El puerto de Monrepós, primera parte

En honor a la verdad diré, que habrá una segunda parte si las obras de la autovía que unirá Huesca con el Pirineo lo permiten. El nivel de transformación de la zona no asegura ni siquiera poder acceder a la vertiente norte, tomada por personal y maquinaria tras reiniciarse las obras que se paralizaron por la crisis hace 8 años y que se afanan hoy en transformar la antigua carretera en otro tamo más de la Autovía Mudéjar o A-23.

La antigua carretera N-330, definida en el Plan de Caminos de 1940 como "de Murcia y Alicante a Francia por Zaragoza", reutilizó en el Monrepós el trazado de antiguas pistas militares creadas en la guerra civil. Inaugurada en 1946 y con casi 662 kilómetros de longitud, puso en comunicación la capital oscense con el área pirenaica, en sus orígenes por el puerto de Oroel entre Huesca y Jaca, aunque más adelante se redirigió por el puerto del Monrepós, aprovechando la ya existente carretera comarcal C-136, de Huesca a Francia por Sallent. Nacía en Alicante y desde allí se dirigía hacia el Pirineo atravesando Almansa, Utiel, Teruel, Daroca, Cariñena, Zaragoza, Huesca, el puerto de Monrepós (objeto de este artículo), Sabináñigo y Jaca, finalizando en la frontera hispano-francesa por el puerto de Somport, término heredado del "summo porto" romano, por ser el paso más elevado para atravesar los Pirineos en dicha época. En la siguiente imagen, extraída de un mapa de carreteras Firestone de 1958, podemos ver el trazado original antes de su desvío por el Monrepós.

Una vez atravesada la ciudad de Huesca, la carretera original compartía unos kilómetros con la N-240 hasta el embalse de la Peña, desde donde volvía a discurrir en solitario atravesando el puerto de Oroel. Como podemos ver en la misma fotografía, la actual N-330 aún se denominaba por entonces C-136. Es destacable el puente metálico del embalse de la Peña, junto a los también conocidos mallos de Riglos, y que nos ocuparán próximamente en este blog.

Partimos ya de la capital oscense hacia el norte, por la moderna A-23, la cual abandonamos en Nueno, desde donde comienza el viejo trazado. Dicha autovía unirá el Mediterráneo con Francia, partiendo desde Sagunto y terminando en Somport (como la N-330). En la actualidad está terminada hasta Huesca, siendo los tramos restantes hasta la frontera los que se encuentran en obras o pendientes de licitación o estudio. Volviendo al trazado viejo, este primer tramo, que termina en las inmediaciones del embalse de Arguis, se encuentra ahora habilitado para uso exclusivo de propietarios de las fincas colindantes a la carretera. Recién asfaltado, mantiene afortunadamente los hitos tipo Peña de la carretera, marcados como C-136 y en un estado de conservación excepcional. Además de esto, vallas metálicas de contención y un buen número de túneles excavados en la propia roca, como podemos ver en las siguientes fotografías.

No podemos obviar la existencia de auténticas rarezas como es esta señal de hormigón, de diseño y tipografía similar a las de chapa.

Este primer tramo termina abruptamente en la actual N-330, siendo imposible acceder a ella desde el trazado antiguo debido a la peligrosidad de maniobra, tanto por el intenso tráfico como por la ausencia de raya discontinua para seguir en dirección norte o el giro cerrado y forzado que habría que realizar para volver hacia Nueno. Damos media vuelta y volvemos al punto de partida para tomar la actual N-330 a la vez que observamos ahora desde esta carretera el serpenteante trazado de la C-136 que hemos recorrido minutos antes. Unos kilómetros más adelante, abandonamos de nuevo la N-330, esta vez en Arguis, para retomar la carretera vieja, que conduce ahora hasta la venta conocida como "Mesón Nuevo", al pueblo de Belsué y al entorno de la sierra de Guara. 

Vamos ascendiendo y observamos como recientemente los hitos metálicos de los años 80 y la antigua señalización vertical han sido sustituidos o eliminados. Será cuestión de tiempo que ocurra lo mismo con el asfalto, envejecido y bacheado.

Una vez pasada la Venta, encontramos a nuestra izquierda la boca sur del túnel. Aquí la carretera se bifurca, a nosotros nos interesa el ramal izquierdo, el cual se interna en el túnel de Manzanera, por donde continuaba el trazado original. Este es un punto de gran interés "carreteril", por un lado por el largo túnel, que nos recibe sin ningún tipo de revestimiento interior, agreste, duro. Por no tener no tiene ni iluminación en este momento.

 

Por otro, una vez que pasamos al otro lado y tras haber levantado a nuestro paso millones de partículas de polvo depositadas por las obras, llegamos al magnífico viaducto sobre el río Flumen. Visible también desde la autovía, merece la pena detenerse aquí y dedicar unos minutos a su observación, ya que es una obra de gran belleza y cuidado detalle, como atestigua la decoración de sus muretes. Un tanto deslucido por la falta de uso, hoy en día no lleva a ninguna parte, ya que a unos pocas decenas de metros la carretera se corta. En principio esta vieja carretera será reconvertida en vía de servicio de la autovía, y ojalá así sea, es un trazado lo suficientemente histórico como para destruirlo o dejarlo inaccesible, no obstante, todo esto es información no contrastada.

Desde el viaducto podemos ver la autovía. Una vez que lo atravesamos y tras una ligera curva a derecha, la carretera se encamina en busca del alto del Monrepós. Más bien, donde antiguamente se encontraba señalizado el alto, situado hoy en la carretera actual.

Hasta aquí llega el tramo abierto, en adelante la carretera se ve afectada por los desmontes del tramo de autovía ya abierto al tráfico e incluso parte de su plataforma ha sido destruída. Hasta aquí llega también el reportaje de esta primera parte. Tras la visita a esta zona, tocó descender nuevamente al punto de partida, en este caso hasta Arguis, para retomar la actual N-330 y continuar hacia Jaca. En la bajada aproveché para detenerme y fotografiar un hito que da fé de la "bipolaridad" de esta carretera, por un lado marca N-330, por el otro C-136.

La bajada norte sorprende notablemente por lo acusado de la pendiente en sus primeros kilómetros y cierta sensación de vértigo. Desde aquí las obras de conversión en autovía pisan el acelerador, pintura amarilla a litros, grandes movimientos de tierra, explanaciones, desmontes y maquinaría por doquier. Al final del puerto nos encontramos las tristemente famosas curvas enlazadas de radio perfecto que tanta salida de calzada han provocado. Todo esto quedará olvidado con la apertura de la autovía y el Monrepós se convertirá en otro paso de montaña insulso, tal y como pasó con Despeñaperros en la N-IV. Menos mal que al menos allí, hoy se puede conducir tranquilamente por su trazado decimonónico. No sé si en Monrepós ocurrirá lo mismo, por lo que habrá que intentar documentarlo antes de que sea demasiado tarde...

Pasado y futuro del Monrepós.

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